A veces armonioso, a veces disonante.

WP_20150928_010

Estas dos últimas semanas han sido toda una prueba de supervivencia. Gracias a Dios, estaba mentalizada. Llegué a la residencia XI como quien llega a una jungla deshabitada, desprovista de árboles y monos, con alguna liana que otra de la que no pendían ni pájaros ni animales salvajes. No teníamos ni platos, ni sartenes, ni ollas, ni cubiertos, ni perchas, ni toallas… Joder, no teníamos ni nevera. Catorce días después esto se va llenando y ya va pareciendo un hogar. Aún no huele a casa, no huele a confianza, no huele a jungla frondosa, húmeda y ruidosa… pero ya me voy construyendo el nido entre las ramas.

He comprendido que este verano me ha servido como un pequeño entrenamiento para lo que me esperaba aquí. Me he dedicado a construir muros a base de botellas de tequila vacías y música de discoteca. Ahora son impenetrables. Ni siquiera yo puedo transpasarlos. Y no me había dado cuenta hasta ahora, cuando he buscado la cerradura pero no tenía la llave. Tantos años buscando la manera de sentir lo menos posible y la respuesta era acostumbrarse a un ritmo de vida que no te deja ni pensar en ti mismo. No puedo dejar de autoanalizarme, eso no sería propio de mí. Pero cada vez tengo menos portunidades de hacerlo. Me paso la vida intentando conocerme, y últimamente me estoy cayendo de puta madre. Sin embargo, ¿soy yo misma? Sé que no, que este año es una máscara. Antes me daba miedo decirle “hola” a un desconocido. En dos semanas he saludado por primera vez a muchísimas personas. Personas de todos los tipos, nacionalidades, gustos, colores de piel, de pelo, de ojos… personas que a simple vista parecen no tener nada de especial pero que poco a poco te van descubriendo que también vienen a comerse el mundo. Por una vez no veo a la gente desde un cristal oscuro; lo he relegado a un segundo plano y he decidido mezclarme entre ellos. Y me gusta.

Pero a la vez siento que no sé dónde estoy yo, si en Vigo o en Lodz. He dejado muchos cabos sueltos en la otra punta de Europa. Asuntos que creía zanjados. Asuntos que no tienen nada que ver entre ellos y que, a la vez, tienen que verlo todo. Y a medida que pasan los días se van entremezclando en una capa de mentiras, confusión y, sí, cada vez más, indiferencia por mi parte. Solía saber qué era lo correcto en cada jodido momento. Es un don: lo veo todo claro. A veces hay grises, pero normalmente sé lo que quiero. Ahora no tengo ni puta idea. Me he convertido en lo que lleva persiguiéndome toda mi vida: una persona sin las ideas claras.

¡Ironías!

Escribo esto mientras me preparo para ir de fiesta y a sabiendas de que lo voy a colgar en mi Facebook y nadie lo va a entender. No os engañéis: estoy de puta madre. Ya lo he dicho: aquí la gente es increíble, aquí el hogar está cada vez más cerca. Es un oasis en el que descansar hasta que vuelva a la realidad. Tequila por vodka, calor por frío, amor por odio, fiesta por… ¡mucha más fiesta! Como dijo Bob Marley: “esta noche contigo quiero hacer travesuras”.

Anuncios
A veces armonioso, a veces disonante.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s