Los jueves de Lordis

Esto… A ver… Eh… Pues no es que sea una vaga, que lo soy, pero tampoco es que no me haya apetecido escribir durante estos dos meses, que también (cómo pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando me pillé mi primera borrachera de Soplica). El caso es que yo quería publicar algo y al mismo tiempo no, ¿sabes? Era como la publicación de Schrödinger. Todo muy cuántico. ¿Son suficientes excusas o he de seguir? Tampoco hace falta que te pongas así, Maricarmen, sólo son unas bragas ajenas que te has encontrado en nuestra cama.

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Sigo sin nevera y ahora que nieva esto es lo que pasa

El caso es que he vuelto de mis vacaciones de Navidad y me vuelvo a sentir como en casa. Es lo malo de irte, que ya no sabes cuál es tu hogar, si lo que has dejado atrás y ya te aburre o si lo nuevo y emocionante que tiene fecha de caducidad. Yo de momento me siento cómoda en esta cama cuyo colchón es de gomaespuma y cuya almohada es más fina que el currículum vitae de un nini (nininininini ni estudian ni trabajan ni les dejan ni quieren ni saben ni pueden ni podemos ni gobierno tripartito ni na, de ná). Además hoy toca Lordis, que es la discoteca por excelencia de todo Erasmus que se precie, y están todos mis amigos echando la siesta para concienciarse. Es como un ritual, hay que respetarlo. Yo no lo respeto porque soy más hiperactiva que un hámster en una rueda. Hablando de hámsters, tenemos uno en la residencia de unas amigas, pero bueno, eso es otra historia que ya me dignaré a contar en cinco meses (a este paso). En resumen: que me pongo a escribir por aburrimiento y porque ESTUDIAR NO ES UNA OPCIÓN.

NO

LO

ES.

🙂

Aún me queda un examen por hacer en el que tengo que saberme todos los Estados y capitales de Estados Unidos, siendo yo de periodismo (aún no sé cómo me metí en esa clase, el profesor parecía majo y yo me dejé llevar). Hace una semana, de hecho, entré por la puerta después de todo un mes en España y lo primero que me dijo el profesor “majo” fue que había examen. En ese momento. Ahora. Right now. Casi se me cae la boca al suelo de lo mucho que la abrí (mentes guarras absténganse de hacer el chiste). Obviamente lo único que me había mirado durante las vacaciones había sido mi ombligo tirada en el sofá. Total, que me siento y me da dos hojas con preguntas tipo test que… que… que eran más fáciles que pasarse el DNI a la primera. Así que tengo un 8 por la cara. No, no me felicitéis, dejad las flores a un lado, ya sé que soy la puta ama.

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Pero como iba diciendo, hoy toca Lordis. No sé si os he dicho que tenemos una especie de “horario de discotecas”. Es algo así como el horario de clases pero aplicado a fiestas y alcohol y a “¡mira con quién se está liado Fulanita!”. Cada día de la semana corresponde a un club distinto. Los lunes, por ejemplo, vamos a Klinika. Bueno, por lo menos vamos lo que es mi grupo y yo, porque el resto de la gente parece haber desistido. Y no lo entiendo; sólo es un antro en el que no caben más de 25 personas abrazadas y en el que te ponen chupitos con tabasco. La creme de la creme. Al principio solía estar llenísimo. De hecho fue ahí donde descubrí que los de la Politécnica (la otra universidad de Lodz) existían, porque estábamos cuatro gatos tomando algo y, de repente, empezaron a entrar un montón de maromos y flipamos en colores y se nos dieron vueltas los ojos y nah, es broma, son gente maja. Grandes días, desde luego. Ahora ya no pisa Klinika ni el Tato, pero nosotros sí, que nos gusta bailar reaggetón y beber cervezas por un euro mientras los polacos nos miran raro.

Los martes vamos a Futurysta, que es algo así como la discoteca guay de la Politécnica y aquello de lo que ellos se sienten más orgullosos (si obviamos el hecho de estudiar ingeniería y su bajo índice de paro comparado con las carreras en las que estamos los mortales). Lo que más gracia me hace de este club es que siempre hay cuatro polacos que están ahí puestos hasta el culo y que intentan “cazar” a alguna Erasmus incauta, sin resultado, por supuesto, porque otra cosa no, pero los polacos son feos de cojones. Este martes intentamos enseñarles a bailar la Macarena pero no se les daba muy allá, y eso que es fácil que te mueres.

El peor día son los miércoles, que toca una que se llama Czekolada, a.k.a Czekokaka, que es una especie de sauna en la que te ponen rap y hip hop y pretenden hacerte pagar ocho zlotis por una cerveza. Aún por encima es de estos antros de “chicas gratis”, una estrategia de márketing que me pone de los nervios por lo machista y retrógrada que es. Vamos, que si fuera por mí les daba con un coño de bronce en la cabeza a los dueños. De hecho, el pasado miércoles perdí el ticket del vestuario y me pasé media hora pidiéndoles mi chaqueta porque querían hacerme pagar veinte zlotis por ella (política de empresa). Efectivamente, tuve que pagar… Y luego me encontré el ticket dentro del calcetín… pero shhh que mis amigas no lo saben… aunque ahora supongo que sí… ¡Holi!

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Y los jueves vamos a Lordis, que, como ya he dicho, es la discoteca por excelencia, sobretodo del spanish guetto. Suelen echarte a las cuatro de la mañana cuando ya estás arrastrándote por la discoteca y siempre y cuando hayas sido el incauto/a que no se ha ligado a nadie y no se ha ido a casa con esa persona. Últimamente eso nos pasa a todos; ya nos tenemos muy vistos, menos a los que están en parejita y desaparecen dos horas después de entrar en Lordis. Y yo a esa gente le digo: iros a chuparla, malditos seres empalagosos del averno. Aburridos.

Si después de cuatro días seguidos de fiesta aún te queda fuelle te puedes meter en la Latino party de Scenografia los viernes y a cualquier club aleatorio los sábados, pero esto ya es más a tu rollo. Tú te lo guisas, tú te lo comes. Para mi gusto la Latino sólo es un disco en el que han metido una playlist de reaggetón para contentar a los españoles, así que voy lo menos posible. Además es la discoteca más cara, te cobran diez zlotis por una cerveza o un chupito. La primera vez que fuimos convencí al camarero de que me invitara a un chupito y luego robé dos más, y creo que iba tan por el aire que me lo pasé bien a la fuerza. Pero ya os digo que eso no suele pasar.

Y eso, caraqueso. Ya he cumplido, ¿no? Ahora se puee decir que soy una bloggera que se toma su trabajo en serio y no un amago de periodista que se rasca los ovarios a dos manos porque está demasiado ocupada haciendo NADA.

¡JA! En eso consiste el Erasmus, al fin y al cabo.

 

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